Te digo más

Te digo más

Te conté la del Gordo Luis cuando hizo de Papá Noel? Es mundial la del Gordo Luis cuando hizo de Papá Noel.
Casi se convierte en otra víctima del imperialismo salvaje el pobre Gordo. Del colonialismo, por decirlo de otra manera. Porque, decime vos, qué carajo tiene que ver con nosotros y con nuestras costumbres el Papá Noel. ¿Quién le dio chapa al Papá Noel? Un tipo vestido para la nieve, abrigado como para ir a la Antártida, en un trineo tirado por renos. ¡Renos, mi querido! ¿Cuándo mierda hemos visto un reno nosotros? ¿Alguna vez te fuiste a Buenos Aires en auto y viste al costado del camino un reno morfando pasto debajo de un árbol?

Pero el pobre Gordo casi la palma con esa historia... ¿No te conté la del Gordo Luis? Porque se la cuento a todos. Fue hace como quince años. El Gordo estaba en la lona total. Pero en la lona lona, no tenía un mango partido por la mitad, lo habían despedido de la proveeduría donde laburaba y lo ponías cabeza abajo y no le caía una moneda. Para colmo, se venían las fiestas y algo había que comprar para poner arriba de la mesa el 24 a la noche.

El Gordo tiene dos pibes que eran muy chiquitos en ese entonces y a esa edad a los pendejos no les vas a andar explicando el fato del FMI, la tecnología que reemplaza a los trabajadores y todas esas pelotudeces.
La cuestión es que empezó a buscar laburo, alguna changa, cualquier cosa, trabajar de lo que fuera. Primero empezó por su barrio, con los amigos y conocidos, ahí por Mendoza al fondo. Ya después entró a andar por cualquier lado para conseguir algo.
Y resulta que en el barrio Echesortu, una vieja que tenía una casa bastante grande de electrodomésticos le ofrece disfrazarse de Papá Noel y repartir caramelos a los chicos en la puerta para promocionar su negocio. Lo de siempre. Le tiraba unos mangos, por supuesto, que al Gordo le venían bastante bien. Y ahí fue el Luis, che.

Ahora, imaginate la escena, porque estamos hablando de Rosario, Capital de los Cereales, ubicada a orillas del anchuroso río Paraná.
El Gordo Luis, tenés que pensar en un tipo arriba de los cien kilos, fácil fácil debe andar por los 120, porque es alto, grandote, Luis.
Y te digo que resultaba perfecto para Papá Noel porque el Luis es más bueno que Lassie, nunca lo he visto enojado al Gordo, es un pan de Dios.
Pero tenés que tener en cuenta una cosa ineludible. Rosario... pleno verano... mediodía, un sol de la puta madre que lo reparió, algo así como 83 grados a la sombra, y ese gordo metido adentro de un traje de Papá Noel con una tela tipo felpa así de gruesa, así de gruesa no te miento, gorro, barba de algodón, bigotes, botas y guantes.
¡Guantes! Porque la vieja era una vieja hinchapelotas, conservadora, que quería que el Gordo se pareciera exactamente a Papá Noel y que se vistiera todo como correspondía, el pobre Gordo.

Roberto Fontanarrosa: Te digo más… y otros cuentos. Ediciones de la Flor, 2001, 312 págs.


¿Viste que hay veces en que tipos hacen de Papá Noel pero sin guantes y hasta a veces sin barba, o pendejas jovencitas vestidas de colorado pero con polleritas cortonas, tipo minifaldas, y las gambas al aire así están más frescas?
Pero claro, el Gordo Luis era perfecto para hacer de Papá Noel y por eso se le ocurrió eso a esa vieja hija de puta. Porque lo vio al Gordo gordo y con esos cachetitos medio coloradones que tiene el tipo, el personaje, Santa Claus.
Hasta la voz media ronca tiene Luis... ¿viste que Papá Noel se ríe siempre con esa risa ronca? Jo, jo. Hasta eso tiene Luis, la voz ronca.
Jo, jo, jo... Pero vuelvo al tema. Doce del mediodía, pleno diciembre, un sol que rajaba la tierra, un calor infernal, los pajaritos que se caían muertos al piso por la canícula, se venían en baranda y se desnucaban contra la vereda... y el Gordo ahí, che, con el traje de lana gruesa, barba y bigote, sacudiendo una campana de papel maché o algo así y dándoles caramelos a los chicos que se juntaban para verlo.
A los quince minutos, a los quince minutos te juro, el traje del Gordo ya no era colorado... ¿viste que esos trajes son colorado medio clarito? Bueno, era violeta, violeta era, por la transpiración a chorros que largaba el Gordo. Pero no un pedazo, alguna zona del traje, no. Ni tampoco era solamente debajo de los brazos o arriba de la zapán que es donde uno transpira más, no.
Era todo, completo, íntegro. Al Gordo le corrían ríos de sudor sobre la piel, ríos, torrentes que le empapaban acá, acá, acá, las ingles, las pelotas, las pantorrillas, ríos que le inundaban las botas, por ejemplo. Me contaba después –porque todo esto me lo contó él mismo- que sentía las botas llenas de agua, como si las hubiera metido en un balde de agua caliente, le chapoteaban. Todo alrededor, no te miento, todo alrededor, en el piso, en un diámetro de ocho metros más o menos en torno al Gordo, parecía que habían baldeado. Toda la vereda mojada, de lo que chivaba el Gordo, se le saltaban los goterones de la cabeza, parecía las Aguas Danzantes el Gordo, imaginate.
Te digo que era ya un espectáculo grotesco, lamentable, pero Luis le seguía metiendo voluntad, le ponía ganas, caminaba de un lado al otro, se reía, llamaba a los chicos.
En eso, una vecina, una vieja de esas que nunca faltan, que están al reverendo pedo como bocina de avión, que vivía a unas dos puertas del negocio de electrodomésticos, sale a la puerta y lo ve al Gordo. O escuchó el griterío de los chicos y salió a ver que pasaba. Lo ve al Gordo y se apiada de él... ¿Viste? Esas viejas comedidas, bienintencionadas, chuecas, que caminan medio encorvadas, que les cuesta moverse pero que rompen las pelotas permanentemente, un cuete la vieja, una ladilla.
Se manda para adentro de nuevo la vieja, flaquita ¿viste? Bajita, canosa con un rodete y aparece al rato con una jarra así de grande, pero así de grande, con un líquido amarillento que parecía limonada, lleno de hielo. Transpiraba de fría la jarra. Y se la ofrece al Gordo, che.
El Gordo medio le dice que no, que no se hubiera molestado, que no puede desatender su trabajo pero, en definitiva, la acepta, lógicamente.
Además, los hijos de mil putas del negocio de electrodomésticos no le habían alcanzado ni un vaso de agua al Gordo. ¡Ni un vaso de agua siquiera! Después hablan de los norteamericanos. Nosotros somos tan hijos de puta como ellos para explotar a la gente. Lo que pasaba también es que a esa hora había quedado un solo encargado en el negocio. La vieja que contrató a Luis tenía como cinco negocios por otras partes de la ciudad y andaba de recorrida; y el otro empleado que laburaba ahí se había quedado en el fondo del local, rascándose las bolas debajo del único ventilador de techo que tenían esos miserables.
La cuestión es que la vecina saca un banquito chiquito a la calle, lo deja al lado de la puerta de su casa, medio sobre el umbral para que no le diera el sol directo, le dice a Luis “Aquí se lo dejo”, y ahí se lo deja.
Cuando el Gordo pudo zafar un poco del pendejerío, te imaginás que con ese calor llegó un momento en que había mucha menos gente en la calle, se prendió a la limonada y se bajó media jarra de un saque.
Pero resulta que no era limonada, boludo, no era limonada. Era vino blanco, vino blanco era.
La vieja le había zampado en la jarra un par de botellas de vino blanco, le había metido hielo a rolete y se lo había dejado ahí, con las mejores intenciones.
El Gordo, con la desesperación, con el calor que tenía en el cuerpo, recién se dio cuenta cuando ya se había mandado más de catorce litros sin respirar, de un saque. Y aparte, seamos sinceros, cuando ya se dio cuenta no pudo parar, no pudo parar. Te estoy hablando de un muchacho de 120 kilos después de estar moviéndose casi tres horas a pleno sol con 4000 grados de temperatura. No pudo parar. Se mandó todo el vino blanco. Fondo blanco.
Bueno, te imaginarás... te imaginarás el pedo tísico que se levantó ese muchacho. Una curda inmediata y espantosa, demencial. Una curda como para trescientas personas.
Casi no había desayunado, estaba sin almorzar, para colmo, el Gordo no era un tipo que tomara mucho alcohol, al menos que yo recuerde. Un poco de vino con la cena, nada más. Alguna copita de sidra. O a veces, en los bailes, alguno de esos tragos maricones como el gin tonic, pero con mucha más agua tónica que otra cosa.
¡El pedo que se agarró ese muchacho, Dios querido, el pedo que se agarró!
No te digo que empezó a cantar boludeces, ni a caminar torcido, ni a vomitar contra las paredes, ni nada de eso. Pero entró a regalar todo lo que tenía a su alcance, se le dio por la beneficencia, le dio un ataque de comunismo acelerado. Primero terminó en cinco minutos con la existencia de caramelos y chocolatines que eran para toda la tarde...
¡Y después empezó a regalar los electrodomésticos! Empezó regalándole una tostadora eléctrica a un pendejo. Después le regaló un ventilador a la madre de otro de los pibes, después siguió con multiprocesadoras, veladores, hornos a microondas, etcétera...
Llamaba a la gente a los gritos, entraba al negocio y les daba algo, repartía, entregaba todo.
Y el empleado que se rascaba las bolas adentro del negocio ni se dio cuenta, debía estar en el fondo, en una oficinita que estaba detrás, arreglando papeles o apolillando una siesta mientras esperaba la hora en que el patrón llegaba.
Lo cierto es que, te imaginás, a los quince minutos en la puerta del negocio había un mundo de gente que venía de todas partes alertada por los otros que ya habían ligado algo de arribeño, por la mamúa del Gordo.
La gente pensaba que era una promoción del negocio o, en todo caso, se hacía la turra, cazaba los artefactos, se los llevaba y a otra cosa mariposa, si te he visto no me acuerdo, andá a cantarle a Gardel.
En eso aparece el dueño del boliche, un pelado con cara de amargo que llegó en su auto, un coche nuevo.
Y cuando el tipo se dio cuenta de lo que estaba pasando se puso loco, lógicamente se puso loco. Entró a gritar, a arrebatarles las cosas a la gente, a recuperar licuadoras, televisores portátiles, radios que la gente se llevaba
Ante el despelote se despertó el empleado de adentro y salió cagando aceite a ayudarlo al pelado. Había tironeos, forcejeos, agarrones, hasta voló algún puñete. Y en eso llegó la cana, un patrullero que andaba de ronda.
En el despelote, cuando medio se enteró de cómo había venido la mano por lo que contaban los que se piraban con las licuadoras y todo eso, que gritaban que Papá Noel se las regalaba, el pelado les indicó a los policías que lo metieran en cana al Gordo, responsable de todo ese quilombo.
Y bien dice el Martín Fierro que no hay nada como el peligro para refrescar a un mamado. Ahí el Gordo se despejó, se dio cuenta, volvió a la realidad, se esclareció el Gordo.
Además, ya había vuelto a transpirar como un litro del vino blanco, me imagino, se había aliviado un poco de la tranca, y comprendió la cagada que se había mandado.
Pero te conté que es un tipo manso, un tipo tranquilo que no se iba a poner a resistirse o a echarle la culpa a nadie. Supo que tenía la culpa, y entonces, todavía medio tambaleante, bajó la sabiola, se fue para adentro del negocio para cambiarse la ropa en el baño y meterse, derechito viejo, solito, adentro del patrullero.
Afuera seguía el desbole entre el pelado, su empleado, la gente y los canas que ahora también se habían unido a la tarea de recuperar todo lo que había regalado el Gordo.
El Gordo se fue al baño, se mojó la cara, cosa que terminó de despejarlo, se sacó esas pilchas de mierda de Papá Noel, se puso la ropa que había llevado en un bolsito y salió de nuevo a la calle.
Cuando salía para la calle –el negocio es bastante largo- lo ve venir al dueño con uno de los canas, desencajado el pelado, a las puteadas, buscándolo. Claro, lo ve al Gordo, sin el traje colorado, de camisita celeste y pantalones vaqueros, un bolso en la mano, el pelo negro achatado por el agua de la canilla, y no lo reconoce.
No lo reconoce porque tampoco era él quien lo había contratado sino la conchuda de su esposa. “¿Adónde está? ¿Adónde está?” me contaba el Gordo que preguntaba el pelado, que venía a los pedos con el policía. Y el Gordo pensó que se refería al traje de Papá Noel que se había sacado.
Yo no sé si el Gordo lo entendió así, seguía en curda o se hizo bien el boludo, la cosa es que señaló hacia el baño y el pelado y el policía se mandaron para allí. Cuando el Gordo salió a la calle todavía había un amontonamiento de gente y el otro empleado discutía con medio mundo reclamando facturas o recibos de compra.
Nadie lo reconoció entonces al Gordo, sin el disfraz. Incluso de última, el otro policía del patrullero que se había quedado afuera, lo encara al Gordo cuando el Gordo ya se piraba y el Gordo piensa: “Cagamos”.
Y el cana le pregunta “¿Ese bolso es suyo?”. El Gordo me contó que él le iba a decir la verdad, que sí, que era suyo.
Pero tuvo miedo de que el cana le hiciera más preguntas, o que se lo hiciera abrir y le dijo: “No, lo vengo a devolver”. Y se lo entregó, un bolso de mierda que después de todo a él no le servía para un carajo.
El Gordo se piró haciéndose el pelotudo, temeroso todavía de que alguien lo reconociese y lo mandara en cana cuando ya estaba a una cuadra.
Casi termina preso, el Gordo, mirá vos. Zafó porque la vieja que lo contrató tampoco sabía ni cómo se llamaba ni adónde vivía. Era un contrato basura, pero realmente basura el del pobre Gordo. Pero casi termina engayolado. Por tener que disfrazarse de Papá Noel con esos vestidos de invierno, podés creer.
Que los argentinos nos tengamos que vestir con ropa de abrigo en pleno verano porque a los yankis se les ocurrió que Santa Claus vende más que el Niñito Dios.
Eso le decía yo al Gordo, después, en el club. “El año que viene ofrecete para algún pesebre, Gordo. Por lo menos de Niño Dios te ponen en bolas en una cunita y te cagás de risa porque estás fresco.” Eso le decía yo, para joderlo.
“De lo único que puedo hacer yo en un pesebre viviente es de vaca, Zurdo –me decía el Gordo- De vaca”.
Pero por lo menos es un animal conocido, ¿no es cierto? Un bicho familiar al paisaje, el rumiante emblemático de la pampa húmeda, base de la riqueza de nuestro país. Algo nuestro... ¡Qué me vienen con que a los chicos les gusta Papá Noel, el trineo y los alces esos! Si mis pibes me vienen a pedir un alce de ésos les pongo tal voleo en el orto que aterrizan más allá de la Circunvalación del voleo que les pego, tenelo por seguro.
Ya bastante que el otro día les compré un conejo, un conejo de verdad, que es terriblemente pelotudo y lo único que hace es comer lechuga y cagarnos todo el patio. Y si me insisten con esas pelotudeces inventadas por los yankis que se vayan a vivir a Cincinnati, pendejos colonizados de mierda. Que a mí no me dicen el Zurdo al pedo, me lo dicen por tener una formación doctrinaria...
¡Pobre Gordo! Estuvo a punto de convertirse en una nueva víctima del capitalismo salvaje.

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Carta a Santa 2011

Santa: Antes que pase de lleno a mi carta anual (la cuarta consecutiva en este caso) dejame aclarar algo: Que pasa? Leer cartas en español se te hace complicado o es que los correos latinos funcionan mas lentamente? Pero pareciera que mis pedidos son pasados por alto (adjunto copias de cartas pasadas)

http://www.danteandres.com.ar/2010/12/carta-santa-2010.html

http://www.danteandres.com.ar/2009/12/carta-santa-version-2009.html

http://www.danteandres.com.ar/2008/12/mi-primera-carta-santa.html

Una vez aclarado esto, aquí va la Carta 2011 Querido Santa: Como estas? espero que te acuerdes de mi...Soy el que te saludo ayer en la tienda adonde estabas sentado saludando gente (no pense que salias de compras, siempre crei que te enviaban directo de fabrica) Pero bueno, volviendo al tema, soy el que tenia puesta una camiseta de Velez - aunque creo que en estos tiempos no soy el unico asi vestido y me olvidaba que ahora somos muchos mas que antes!! - pero bueno con esto seguro me identificas, soy ese que se acerco para darte las gracias, justo cuando de los de seguridad se pusieron a pelear con ese loco que se puso a los gritos diciendo que era amigo tuyo,te acordas??? ese que estaba... vestido con una camiseta de Velez !!! Bueno, si no te acordas no importa... Sabes, antes de pasar directamente a lo que es la cuarta carta que te escribo, quiero agradecerte por todo lo que hiciste este año por mi, se que te parecera extraño pero creo que es justo hacerlo, despues de todo este año fue lleno de sorpresas y emociones regresos, campeonatos, reencuetros y demas asi que por lo que te corresponde a vos, mil gracias!!! Ahora bien, pasemos a lo que vinimos... Cuarta carta a Santa Se que te costara un poco acostumbrarte a la idea de que este que te escribe desde Buenos Aires es el mismo que te escribia antes desde Republica Dominicana, pero ni bien comience con mi lista de pedidos, a vas a ver que me identificaras!!! Te aclaro que mi primer pedido debio haber sido un iPhone 4 pero debido a que mi laptop decidio jubilarse, me veo obligado a pasar eso a segundo termino Sabes... desisti de pedirte algo en particular, al fin y al cabo, si digo que algo del 2011 me indigno corro el riesgo de que me etiquetes como un "indignado" mas y a decir verdad, aun no se que es eso de indignado asi que mejor no me quejo... Podria pedirte de nuevo el fin de la guerra, pero segun dijo Obama supuestamente la guerra termino, asi que... De Bin Laden ya no nos preocupamos y Kadaffi este año no te escribira, asi que deberia estar feliz por vivir en un mundo cada vez mas seguro!! (pero...debo estar feliz???) Por otro lado este año ya no hay tantos hambrientos como el año pasado (te dejos las ironias finas para vos) y cada dia estamos mas cerca de lograr que el mundo sea un lugar libre de prejuicios y racismos ya que a esta altura en muchos lugares odian a todas las razas por igual, lo que es un gran avance en procura de la plena igualdad!! Asi que como vez esta carta no esta tan llena de pedidos como la de años anteriores, de hecho me estoy cuestionando si deberia pedir mas cosas teniendo en cuenta que esta podria ser la ultima carta que te envie (asi que decime, que sabes sobre eso que dijeron los mayas???) es verdad o es solo un invento para vender malas peliculas y peores libros??? Bueno Santa... sabes, hace unos años que te escribo y ya a esta altura te veo mas como un amigo que otra cosa y a decir verdad me incomoda un poco eso de pedirte y no poder darte algo, asi que esta noche quiero darte yo a vos; Pasa por casa ... vos sabes la direccion... no es mucho pero alli tendras un plato con tu cena esperandote y una mesa llena de buena gente que te va hacer sentir en familia, se que estaras muy ocupado, pero se lo que es pasar navidad solo y creo que un abrazo de amigo siempre es necesario!!! Despues si queres salgo con vos a ayudarte en tu recorrida, al fin y al cabo... quien no quisiera ser Santa alguna vez??? Ahora te dejo, tengo que terminar de preparar mis cosas, hoy es un dia especial, vos sabes... y es lindo ver como la gente se acuerda de ser humana en estos tiempos... aunque se que solo dura unos dias, ya veo porque eso de "amar a tu projimo" lo pusieron como un mandamiento!!! no pudieron ponerlo en los genes?? no hay forma de agregarselo a las nuevas generaciones?? vos que tenes linea directa alla arriba no podes preguntar si no se puede modificar eso?? como los equipos opcionales de los automoviles, viste?? Avisame si se puede hacer algo, aunque sea un leve retoque, te aseguro que a muchos les vendria muy bien!!! Te dejo. despues de 20 años pasare navidad en mi tierra, y eso ya es mucho decir asi que te veo en un par de horas, anda con cuidado que hay mucho loco suelto hoy y la calle es peligrosa, espero que la pases bien y si ves a mi gente mandales mis saludos!!!

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Cosas que no tendremos

Cosas que no tendremos:

Las mañanas de abril largas de amor y sueño.
Las tardes de noviembre con lluvia interminable.
Las noches del verano tercamente estrelladas.
Todas las madrugadas dulcísimas de otoño.

Cosas que me he perdido:

No sabré del sabor de tu boca dormida.
No acunaré a tus hijos. No beberé tu vino.
No lloraré contigo viendo ningún ocaso.
No me amanecerá tu vientre entre las sábanas.

Tengo todo un tesoro de lagunas y ausencias,
un muestrario completo de páginas en blanco.

Josefa Parra
De "Alcoba del agua" (2002)

Josefa Parra: Poeta española nacida en Jerez de la Frontera en 1965. Es una de las nuevas voces de la poesía femenina española. Licenciada en Filología Hispánica, trabaja en la actualidad en la Fundación Caballero Bonald, donde coordina la revista de literatura Campo de Agramante. Ha sido galardonada ,entre otros, con el Premio de Poesía Breve Domecq en 1989, el Premio Internacional de Poesía Loewe a la Creación Joven en 1995, por el libro «Elogio a la mala yerba», el Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes, París 1999, por la plaquette «África» y el Accésit del Premio de Poesía Luis Cernuda, Sevilla, 2000, por el libro «Tratado de cicatrices». También ha publicado los poemarios «Geografía Carnal» en 1997 y «Alcoba del agua» en 2002. Es columnista de opinión en prensa diaria y revistas de literatura. Además de ser incluida en diversas antologías, poemas suyos han sido traducidos al portugués, al francés y al árabe.

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De lejos viene

Cuando lo sepas quisiera ver tu cara.
Por que vas a saberlo
aunque no te lo diga
ni leas estos poemas.
¿Cambiará algo entonces?
Es imposible
que no adviertas aún mi turbación:
tanto desorden de miradas,
tanta avidez
registrando el más breve de tus gestos.
¿Y nada modifica tu indolencia?
Ah, íntegro varón, que Dios te guarde.
Pero voy a aclararte
en nombre de esta cólera
y a manera de agravio,
que si te amo
es seguramente por error.
has de saber
que nunca me gustaron ojos desteñidos
ni maneras solemnes,
menos aún cabello lacio y bien peinado
(y de la solemnidad líbrame Dios, libérame).
También has de saber que eres
demasiado sencillo para mi soledad,
demasiado humano para mi deseo,
demasiado lineal
para la arquitectura de este laberinto.
Pero ya basta: pido una disculpa.
Ocurre tal vez
que sólo seas un poco distraído.
Vendrá entonces de ti
el reconocimiento
o una sincera frase paternal.


Elsa Cross

Elsa Cross: Poeta, ensayista, y traductora mexicana nacida en ciudad de México en 1946. Doctorada en Filosofía y Letras por la Universidad Nacional Autónoma de México, actualmente es catedrática de la misma universidad. En la década de los años ochenta residió en la India durante dos años, tiempo en el que estudió Filosofía Oriental y Meditación en Ganéshpuri. Es autora de una extensa obra iniciada en 1966 con "Nexos", continuada luego con los siguientes títulos: "Amor el más oscuro" en 1969, "Peach Melba"1970, "La dama de la torre" 1972, "Bacantes" 1982, "Baniano"1986, "Canto malabar" 1987, "Pasaje de fuego" 1987, "Espejo al sol" 1988, "El diván de Antar" 1990, "Jaguar" 1991, "Casuarinas" 1992, "Moira" 1993, "Poemas desde la India" en 1993, "Urracas" 1996, "Los sueños", 2000, "Ultramar" en 2002, "El vino de las cosas" 2004, y "Cuaderno de Amorgós" 2007. Su obra ha sido traducida a varios idiomas, incluida en diversas antologías y galardonada con los siguientes premios: Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 1990 por "El diván de Antar"; en 1996 recibió el homenaje Espejo al Sol Treinta años de Poesía en La Casa del Poeta; el Premio Nacional de Poesía Jaime Sabines en 1992; la quinta edición del Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines/Gatien Lapointe en 2007, y el premio Xavier Villaurrutia, máximo galardón literario de México, por su "Cuaderno de Amorgós".

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A mano armada

Supón que me presento
cualquier día en tu casa.
Que digo: "Hasta aquí hemos llegado"
que cierro las ventanas,
apago las cortinas,
los libros, los periódicos.

Supón que me presento
cuando menos lo esperas.
Ya puedo disfrutar
tu mirada de asombro,
el lecho abandonado,
los sentidos alerta.

Supón que te desnudo
con besos y sonrisas,
conjuro tus fantasmas,
asalto tu desvelo,
amanezco en tu sombra,
y me marcho,
y me juras
- dentro de un orden, claro -
fidelidad eterna.

María Rosal

María Rosal: Poeta española nacida en Fernán-Núñez, Córdoba en 1961. Pertenece a la nueva generación de la poesía española cuyas representantes manejan con igual soltura los temas de la vida cotidiana y la poesía amorosa o erótica. Es Licenciada en Filología Hispánica y trabaja como profesora de Lengua y Literatura Española en el I.E.S. Emilio Canalejo de la ciudad de Montilla. Dirige actualmente la colección literaria Aula de poesía Casa del Inca. Además de la poesía, ha publicado cuentos y ensayos sobre didáctica de la lengua. Ha sido galardonada con los siguientes premios: Premio Ciudad de Montoro en 1994, Premio Gabriel Celaya 1995 por «Abuso de confianza», Premio Mario López 1996 por «Brindis», Premio de poesía erótica Cálamo 1996 por «Don del unicornio», Premio Luis Carrillo de Sotomayor 1996 por «Vuelo rasante», Premio Ana de Valle 2000 por «Ruegos y preguntas», Premio Ricardo Molina 2001 por «Tregua», Premio Cáceres, Patrimonio Mundial 2002 por «Otra vez Bartleby» . Cuenta con las siguientes publicaciones: «Traveling de acompañamiento» , «La resaca del fuego» editada también en italiano, «A pie de página» y «Otra vez Bartleby».

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Agresiones

Defenderé tu rostro
y tu nombre
de los años que se amontonan
como piedras rotas.

Defenderé tu voz,
tus palabras,
de estos largos silencios
que pesan
sobre mis labios.

Defenderé tu luz
de esta sombra!

Maruja Vieira

Maruja Vieira: Poeta colombiana nacida en Manizales en 1922. Catedrática y periodista, ha dedicado su vida a la literatura, sobresaliendo también como crítica literaria. De los libros que ha publicado hasta la fecha merecen destacarse:«Sombra del amor», «Palabras de la Ausencia, «Mis propias palabras», «Tiempo de vivir», «Campanario de lluvia», y «Los poemas de Enero».

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